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¿Cuál es la aspiración de la poesía? Hacerse voz. (Ana Calvo Revilla)

divendres, 13 de maig de 2016

Article 331) EL JURAT

Jurat núm. 78 - El jurat en un moment de la sessió del judici del 12-05-16
Sir Wilfrid Roberts, és un destacat advocat criminalista, per aquest motiu, quan vam ser seleccionats com a jurat d'aquest cas que ell defensava (el cas Leonard Vole), ens vam sentir privilegiats, a l'hora que ens va envair el pes de la responsabilitat.

El cas Leonard Vole!, la notícia que ocupa les primeres planes de tots els diaris des que es va produir, al 1948!

Agatha Christie va voler solucionar-ho, però el resultat no debia ser definitiu, perquè, temps després, un altre important criminalista, Charles Laugton, va tornar a intentar-ho.

Darrerement, la defensa del senyor Vole, ha recaigut en el lletrat Jordi Coromina (àlies Sir Wilfrid Roberts), home delicat de salut, però tossut en la seva feina, i decidit a esbrinar la veritat, i defensar-la, tot i les dificultats que el cas presenta.

Des del 12 de desembre de 2015, tot i la seva precària salut, Jordi Coromina, intenta, esforçadament, mostrar la innocència de Leonard Vole, Afortunadament, l'enfermera, Sra. Munsa Tur, sap el que convé a la salut del brillant lletrat Coromina, i així, l'home, pot suportat tantes i tan intenses sessions en les que el públic present a la sala, posa, també, tot el seu imaginari, per esbrinar l'innocència o culpabilitat del pobre acusat.

El jurat se les veu i se les desitja per donar crèdit, ja a les proves del fiscal, ja a les que aporta la defensa, i, com que tot plegat és tan difícil, per aquest motiu el jurat va canviant, i canviant...

Avui ens ha tocat a nosaltres, i ho hem patit de valent. Hem encertat o no en el nostre veredicte?, potser demà, per estar ben segurs, convocaran un altre jurat; no m'estranyaria gens.

Si vosaltres, lectors del blog, teniu set de justícia, no us quedeu a casa, veniu al Teatre del Raval, a donar un cop de mà a Sir Wilfrid Roberts (àlies Jordi Coromina).

Doncs mira, saps què?, m'estimo més estar aquí fent de jurat, que quedar-me a casa fent mitja
(Lis Vida i Maica Duaigües conversen en un moment de descans)

Quina pressió!, pensar que el veredicte depen de nosaltres!

Bá!, no et capfiquis, si no els agrada el nostre veredicte, tornaran a fer la obra un altre dia!


No li facis aquesta rialleta al Sr, Leonard, que es nota massa que t'agrada

Si, senyor, jo, és la primera vegada que faig de jurat

Somriu, nena, que demà sortirem a l'Ara

(Elvira Senmartí i Maica Duaigües, posatn per als periodistes)
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Entre sessió i sessió, llegeixo una mica de poesia


LA CASA DEL JUICIO    (Oscar Wilde)

Y el silencio reinaba en la Casa del Juicio, y el hombre compareció desnudo ante Dios.
Y Dios abrió el libro de la vida del hombre.
Y Dios dijo al hombre: -Tu vida ha sido mala y te has mostrado siempre cruel con los que necesitaban socorro y con los que carecían de apoyo. Has sido hosco y duro de corazón. Te llamó el pobre y tú no le oíste, y cerraste tus oídos al grito del hombre afligido. Te apoderaste para tu uso particular de la herencia del huérfano y lanzaste las zorras a la viña de tu vecino. Cogiste el pan de los niños y lo diste de comer a los perros, y a mis leprosos, que vivían en los pantanos y que me loaban, los perseguiste con saña por los caminos, por esa tierra mía, con la cual te formé. Y vertiste sangre inocente.
Y el hombre respondió y dijo: -Hice eso, efectivamente.
Y Dios abrió por segunda vez el libro de la vida del hombre.
Y Dios dijo al hombre: -Tu vida ha sido mala y has escondido la belleza que yo he mostrado, y el bien que yo he escondido, le has olvidado. Los muros de tu estancia estaban pintados con imágenes, y te levantabas de tu lecho de abominación al son de flautas. Erigiste siete altares a los pecados que yo sufrí, y comiste lo que no se debe comer; la púrpura de tus vestidos estaba bordada con tres signos de afrenta. Tus ídolos no eran de oro ni de plata perdurables, sino de carne perecedera. Bañabas su cabellera en perfumes y colocabas granadas en sus manos. Ungías sus pies con azafrán y desplegabas tapices ante ellos. Pintabas con antimonio sus párpados y untabas sus cuerpos con mirra. Te prosternaste ante ellos y los tronos de tus ídolos se elevaron hasta el sol. Mostraste al sol tu ignorancia y a la luna tu demencia.
Y el hombre respondió y dijo: -Hice eso, igualmente.
Y por tercera vez abrió Dios el libro de la vida del hombre.
Y Dios dijo al hombre: -Tu vida ha sido mala y has pagado el bien con el mal y la bondad con la impostura. Has herido las manos que te alimentaron y has despreciado los senos que te dieron su leche. El que llegó hasta ti con agua, se marchó sediento, y a los hombres fuera de la ley, que te escondían por la noche en sus tiendas, les delatabas antes del alba. Tendiste un lazo a tu enemigo que te había perdonado, y al amigo que iba contigo le vendiste por dinero; y a los que te trajeron amor, les diste en pago lujuria.
Y el hombre respondió y dijo: -Hice eso, igualmente.
Y Dios cerró el libro de la vida del hombre y dijo: -Realmente, debía enviarte al Infierno. Sí, al Infierno es donde debo enviarte.
Y el hombre exclamó: -No puedes hacerlo.
Y Dios dijo al hombre: -¿Por qué no puedo enviarte al Infierno?
-Porque he vivido siempre en el Infierno -respondió el hombre.
Y el silencio reinó en la Casa del Juicio.
Y al cabo de un momento, habló Dios y dijo al hombre: -Ya que no puedo enviarte al Infierno, te enviaré al Cielo. Sí, al Cielo es adonde te enviaré.
Y el hombre exclamó:-No puedes hacerlo.
Y Dios dijo al hombre: -¿Por qué razón no puedo enviarte al Cielo?
-Porque jamás ni en parte alguna he podido imaginarme el Cielo -replicó el hombre.
Y el silencio reinó en la Casa del Juicio.

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